Editorial Fantasma

Yo que nací con Menem

Pero yo estoy pensando en Cristina, que recibió en el Senado el cajón y que se sacó una foto con Zulema y Zulemita y terminó de coronar un género fotográfico: Cristina en velorios. Cristina que lo enterró a Néstor, ¡a Néstor! ¿Cómo se va a morir Néstor?

Disculpen, yo sé que se murió Menem. Pero yo estoy pensando en Cristina.

Les pido que evitemos seguir la discusión sobre el legado de Menem. Quien niegue el desastre que implicó para el pueblo argentino está desconociendo la realidad. Quien niegue que es más importante entender ese desguace profundo de todo lo que nuestro país había sabido conseguir que simplemente aullarle al pasado, tal vez no vea que sin comprenderlo no podemos combatirlo. Combatir al Menem que llevamos dentro.

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Pero yo estoy pensando en Cristina, que recibió en el Senado el cajón y que se sacó una foto con Zulema y Zulemita y terminó de coronar un género fotográfico: Cristina en velorios. Cristina que lo enterró a Néstor, ¡a Néstor! ¿Cómo se va a morir Néstor? Y al Diego, y a Mercedes Sosa, y a Alfonsín, y nos va a enterrar a todos.

Pero yo estoy pensando en las viudas. Queda un puñado de expresidentes vivos: Isabel, Duhalde, Rodríguez Saá, Macri, ella. Dos mujeres, las dos presidentas, las dos viudas. Y pienso en Claudia. Y pienso que Argentina no es una sociedad, es un enorme velorio con fronteras y servicios públicos.

¿Se puede reutilizar el “sin rencores pero con memoria” de Néstor para Menem? Porque Néstor se lo dedicó a los genocidas y lo festejamos. Y tenía razón, pero Néstor en ese momento fue el espíritu absoluto, el Estado metido adentro de dos metros de carne, hueso y ojos estrábicos. Nosotros que caminamos más abajo, ¿qué? ¿No nos alegra ver las fotos de los británicos celebrando cuando murió Thatcher? ¿Y Menem no fue Thatcher al fin y al cabo?

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¿Cómo se escribe una nota sobre Menem que no sea una simple enumeración esquizofrénica: AMIA, híper, uno a uno, Mingo, indultos, YPF, Pacto, hijo, Río Tercero, Sócrates, sumo y sigo?

Se puede hacer la historia del menemismo a través de la discografía de su tocayo García: 1989, Cómo conseguir chicas con Fanky. 1990, el himno pervertido en Filosofía barata y zapatos de goma: el último disco reconocible, el año antes de la Convertibilidad. Y entonces: 1994, Pacto de Olivos de por medio, este país ya es otro país y Charly es La hija de la lágrima, puro delirio psicótico y el único momento de claridad es un jingle comercial: Chipi Chipi, la canción “sin amor, sin dolor, sin fin”, porque lo que tuvo fin es la Historia. Y luego del triunfo final, el imposible, un año después del annus horribilis 1995, Say no more y te hago caso y me callo. Queda tan poco de García como del Estado argentino en 1998 y El Aguante. Pará la influenza de 2002 no es ni una persona, es un cuerpo sin órganos, un vicio más. Como todos.

Y yo estoy pensando en Charly porque es la última gota de magia que le queda a este país. Porque el carisma es literalmente eso: iluminación divina, no hay concepto no mesiánico, racional del carisma, cualquier intento de aprehenderlo por esa vía lo agota. Entonces ¿por qué, por qué Menem era un rockstar, qué hay más allá de los bolsillos, o más acá? En el caos de la Argentina Menem dio sentido, y por eso es imperativo oponerse: porque ahí también se produjo sentido y subjetividad, en la Carpa Blanca, las marchas federales, Norma Pla, el Grupo de los 8. No hay muchas personas que hayan conectado con la masa de ciudadanos en situación de duelo que llamamos “sociedad argentina”. 

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Y yo estoy pensando en Cristina porque los va a enterrar a todos. Porque nos va a enterrar a todos. Porque la veo en las fotos y sé que se da cuenta: se da cuenta de que cuando Néstor dijo “generación diezmada” no sabía que estaba nombrando la identidad del futuro argentino también, que Cristina y las generaciones que vinimos después, nosotros que somos la K Generation, estamos juntos en esto de enterrar a los símbolos más odiados y más queridos de este país. Y estoy pensando en Cristina que nos dio una de las cosas más importantes de la historia: Videla muerto en el inodoro de una cárcel común. Esa muerte soy yo.

Cristina era la única antimenemista, más allá de esa anécdota donde ella lo votaba al turco y Néstor a Cafiero en la interna de los ochenta, anécdota que inventó para hacerlo quedar bien a Él. Cristina también fue, por breves momentos hasta asumir la vicepresidencia, jefa del bloque oficialista y jefa de Menem. La historia argentina contemporánea se cuenta con Menem y Cristina y casi todos los demás son extras. Son historias opuestas de lo que se puede hacer con mierda y barro argentino.

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Por eso se murió Menem y estoy pensando en Cristina y en Charly. Porque el mejor disco sobre los 90 se anticipó a los 90. Se llama Piano Bar y Charly lo sacó en 1984, y no es su culpa si nosotros llegamos seis años tarde. Y en sus últimos versos explica el ethos perverso con el que el menemismo quiso manejar el mundo:

Estamos como el / Amor que se echa a perder / Violando todo lo que amamos / Para vivir

Y qué bueno y qué hermoso y qué imposible que alguien en la Argentina, después de los 90, pensó que no valía la pena elegir entre hacer justicia y sobrevivir, y que se podía hacer ambas.

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